Me entrevistaron los alumnos de la Facultad de Comunicación José María Calonge Arias y Juan Carlos Sánchez Izquierdo para un trabajo de clase sobre los impactos de la inteligencia artificial en nuestro sector. Sigue una transcripción mínimamente editada de la grabación (4/11/25).

Foto de Markus Winkler en Unsplash

Sobre el miedo a la IA

Tradicionalmente, el miedo ha sido la respuesta a una tecnología innovadora y que, por tanto, no se conoce. El miedo a la inteligencia artificial no es distinto al miedo que en su momento hubo acerca de internet, el miedo que hubo a la televisión o el miedo a la radio. El miedo a cómo una tecnología puede desbaratar el mundo tal como lo concibes, el miedo a una tecnología que no controlas.

Normalmente, el miedo y el discurso apocalíptico son una respuesta más o menos instintiva ante una tecnología de cualquier tipo, no solamente tecnología de la información, que se percibe como una amenaza a las facultades adquiridas, a las destrezas desarrolladas, a la propia experiencia, al perfil profesional o al modo en el que cada uno tiene organizada la vida.

Por eso, una tecnología que se vende con la promesa de equipararse a la inteligencia humana es, naturalmente, una de las tecnologías que más temores produce.

Si nos fijamos, por ejemplo, en la ciencia ficción cinematográfica, cada vez que interviene la inteligencia artificial en una trama, siempre está en contra de los objetivos de los protagonistas humanos y está perfilada como una amenaza, incluso como una amenaza total o radical.

El impacto de la IA sobre el empleo

El impacto de la inteligencia artificial sobre el empleo, en el ámbito de la comunicación, de las profesiones de la comunicación y, en general, de las industrias culturales, es preocupante porque las capacidades que tiene la IA para generar contenidos, textos, audios o vídeos a partir de órdenes de texto (prompts), son realmente espectaculares y el crecimiento y la sofisticación que se están viendo prácticamente por trimestres nos lleva a preguntarnos qué perspectivas tienen los trabajos profesionales de la comunicación en un ámbito en el que un conjunto de herramientas informáticas, no solamente la IA, avanzan de manera decisiva sobre sobre destrezas y sobre perfiles profesionales que antes estaban perfectamente delimitados y entrenados como tales en las facultades de Comunicación.

Basta pensar, por ejemplo, en el ámbito audiovisual, el trabajo de un guionista, de un dibujante de storyboards, de preproducción, de rodaje, todo puede ser subsumido ahora mismo por herramientas de inteligencia artificial, por una sola persona delante de un ordenador.

Hay una amenaza y es real, pero la clave es cómo respondemos a esa amenaza. Podemos responder despotricando contra la inteligencia artificial, porque supuestamente nos va a robar el empleo, cosa que por otra parte, nadie tiene asegurado con o sin inteligencia artificial. O bien, podemos plantearnos ¿cómo puedo mejorar mi perfil profesional para ser capaz de trabajar con la inteligencia artificial y no contra ella? El puesto de trabajo no te lo va a quitar la IA, te lo va a quitar un profesional que sepa trabajar eficazmente con la IA.

El impacto de la IA en el periodismo

El impacto de la inteligencia artificial en el ámbito del periodismo se puede analizar en tres ámbitos. Por una parte la asistencia de la IA a los algoritmos que alimentan las redes sociales como un sistema de filtrado superinteligente que ya no depende de una comunidad a la que el usuario ha decidido seguir sino que el propio algoritmo en función del historial del usuario va delimitando contenidos que están fuera del control del propio usuario. Lo mismo ocurre en el sector de la música con Spotify o en el audiovisual con Netflix y similares.

Las plataformas de contenidos de las industrias culturales están intermediadas ya no solamente por las decisiones de los productores y de los consumidores, sino también por algoritmos alimentados por IA que están generando un menú que siempre constituye una sorpresa y eventualmente una gran ventana para la manipulación.

Un segundo ámbito de impacto es la IA generativa, es decir, la IA como asistente de los productores de contenido periodístico, para generar resúmenes, crónicas, traducciones o titulares en sustitución de las capacidades intelectuales o técnicas de un periodista. La IA puede extraer de un texto media docena de titulares para que escojas, puede elaborar los extractos para que ese documento se pueda difundir en redes sociales, etc.

Un tercer ámbito de impacto es la capacidad de la IA para analizar información. En el mundo del periodismo esto es especialmente importante porque la IA puede analizar gran cantidad de datos que podemos subirle en forma de documentos, fotografías, audios o vídeos.

Pero, lejos de verlo como una amenaza, hay que entrenarse eficazmente para trabajar con la IA, sabiendo que constituye un asistente. En clase uso con los alumnos la metáfora de Copilot, la marca de IA de Microsoft, porque es una metáfora muy buena para entender la relación entre la IA y un periodista.

Entender a la IA como copiloto significa que tú estás al mando, que tú controlas tu artículo o tu investigación, o tu reportaje, o tu entrevista y que tienes un asistente que va contigo, un copiloto que te puede ayudar en una serie de tareas que tiene que ver con la documentación o con el refinamiento de tu texto.

Pero, en cambio, en la medida en que tú te conviertas en el copiloto de la IA, las cosas empiezan a ir mal. La IA no puede estar al control, la IA tiene que ser un copiloto de unas decisiones creativas e intelectuales que tiene que seguir tomando el periodista. Por lo menos el periodista que quiera conservar su trabajo.

Preocupaciones personales respecto de la IA

Mi preocupación, como docente en la Facultad de Comunicación, sobre el impacto de la inteligencia artificial, tiene que ver ahora mismo con el riesgo de que los alumnos renuncien a desarrollar su capacidad crítica, su memoria, su intelecto, sus capacidades de investigación, de contrastar documentación, de contrastar fuentes, de sintetizar textos, de titularlos, de editar su propio texto, de detectar y corregir sus propios errores.

Me preocupa que renuncien al desarrollo de esas capacidades por la comodidad de que una inteligencia artificial, incluso hasta pobremente utilizada, pueda resolver ese tipo de problemas, pero ocurre que ese tipo de problemas son justamente la esencia de la formación intelectual de un comunicador.

Entonces, si tú has entregado a la IA la capacidad de hacer el trabajo y de desarrollar las aptitudes que tú deberías haber desarrollado durante tu carrera: leer textos complejos, ser capaz de resumirlos, ser capaz de hablar sobre lo que has leído, ser capaz de diseñar una una escena o de plantear las preguntas a un entrevistado. Si tú renuncias a desarrollar esas capacidades, entonces no te podrás quejar en el futuro de que una IA te ha quitado u ocupado tu puesto de trabajo porque es que se lo has entregado durante tu formación.

La segunda preocupación puede ser una cuestión que tiene que ver con la lealtad entre el estudiante y sus profesores que se puede traducir en el uso transparente y trazable de la inteligencia artificial.

No me opongo a que usen inteligencia artificial, al contrario, está previsto en los planes de las asignaturas y habrá asignaturas específicas dedicadas solamente a la inteligencia artificial. Pero sí que el uso que hagan de la inteligencia artificial tiene que ser transparente. Es decir, tú me tienes que decir si un texto, si un audio, si un vídeo, si una fotografía ha sido elaborado mediante IA, con qué plataforma, con qué prompt y en qué fecha.

Transparencia y trazabilidad, son dos criterios básicos que les propongo a los estudiantes para que no perciban, ni siquiera en los profesores, que la IA la tenemos en el punto de mira.

Es un tema que nos preocupa, un tema para que tienen que entrenarse, un tema que tienen que aprender a utilizar de forma más eficaz por las inmensas posibilidades que tiene pero que insisto no puede de verse como un sustituto del esfuerzo intelectual que tiene que desarrollar un estudiante durante su formación y, por supuesto, durante el ejercicio de su profesión.

Alguna anécdota con la IA

Una de las primeras exploraciones que hice hace un par de años con la inteligencia artificial fue algo similar a lo que hacíamos en su momento con Google, las autobúsquedas. Saber qué es lo que la herramienta sabe acerca de ti mismo.

La construcción de ese personaje público en el que se convierte nuestra identidad, una vez que tienes una red social abierta o un blog o una página en internet, tradicionalmente lo hemos rastreado con Google para ver qué tan visible resulta una marca personal ante una búsqueda de alguien que conozca tu nombre.

Una de las primeras búsquedas que hice fue para averiguar qué sabía la IA acerca de mis propios libros. Le pregunté acerca de mis libros principales. Tres títulos eran correctos, pero los otros dos no eran inventados, no eran libros y por supuesto no eran míos.

Una de las lecciones que obtenemos desde los primeros compases del uso de la inteligencia artificial se puede traducir en la formulación de un requisito que debería acompañar a todo prompt: “no te inventes nada”. Porque las IA están diseñadas para complacernos.

La IA no te va a decir habitualmente que no tiene esa información que le pides o que no puede hacer la tarea que le encomiendas, sino que va a intentar resolverla de cualquier forma para complacerte. Y muchas veces la resolución va por la vía de inventarse cosas, es lo que se llama “alucinar”.

Las alucinaciones de la IA son una vertiente de análisis muy interesante para descubrir sus límites. Es como cuando estás, por ejemplo, pidiendo que genere imágenes o que genere vídeos y empiezan a salir manos por cualquier parte. Lo mismo ocurre con el texto.

Les explicaba a los alumnos estas primeras experiencias para hacerles ver que el uso crítico de la IA es también respecto de los propios resultados generados por la IA, que tenemos que ponerlos en cuestión, trabajar con más de una herramienta refinar la forma de pedir a la IA, mejorar las órdenes textuales que formulamos (prompts) que la propia IA nos puede ayudar a refinar.

Es decir, una vez que tú haces una petición le puedes indicar a la IA que formule un prompt más adecuado para obtener un mejor resultado sobre ese problema que has que has planteado.

Lo que podemos sacar de la anécdota es la lección de sospechar habitualmente de los resultados de la IA, de contrastarlos, no solamente con otras IA, sino también con otras fuentes de de información, de entender que está programada para complacernos y de pedirle siempre que no invente nada.

Un mensaje para los alumnos acerca de la IA

La comunicación pública es la comunicación que hacemos en nuestra facultad y para lo que les entrenamos. El periodismo, la comunicación audiovisual, el marketing, la comunicación corporativa, son modos de comunicación pública, y toda la comunicación pública está apoyada en herramientas.

La comunicación interpersonal necesita del lenguaje, la voz, la gestualidad, la mirada, pero la comunicación pública es siempre una comunicación mediada tecnológicamente, en la que necesariamente intervienen herramientas.

Esas herramientas constituyen uno de los focos de poder más importantes de nuestra profesión. El acceder en su tiempo a una imprenta, luego a unos estudios de radio o a un canal de televisión, permitían amplificar nuestra voz y hacerla llegar a un público más o menos masivo.

La inteligencia artificial se inscribe en la inmensa lista de herramientas sobre las que se puede apoyar la comunicación pública.

Con lo cual el mensaje para los estudiantes, para quienes se están entrenando en facultades de Comunicación, para cualquiera de las disciplinas de la comunicación pública es que la IA es una tecnología que hay que conocer, que hay que criticar, con la que habrá que aprender a trabajar. Pero no es la única, a pesar de que tiene unas capacidades realmente espectaculares.

Van a seguir produciéndose innovaciones a un ritmo trimestral, con lo cual estar al día en este tipo de herramientas va a resultar particularmente exigente durante vuestra carrera y, por supuesto, luego durante vuestra profesión. La actitud tiene que ser usarla sin miedo, pero no como un atajo.

Sin miedo a abrazar una tecnología que es muy desafiante, y sin atajos para seguir entrenando esas capacidades intelectuales que tiene que adquirir un estudiante para luego poder ejercer la profesión. Que la IA no se convierta en un atajo de las destrezas que debes desarrollar durante la carrera y poner en práctica durante la profesión.